¿La gestión cultural debe necesariamente denunciar y ser comprometida con la contingencia política?
¿Es posible separar la política del arte y la gestión cultural?
En mi trayectoria como gestor cultural, me he encontrado con distintos puntos de vista de colegas que argumentan una supuesta indiferencia social y política en mi forma de ver, de hacer y apreciar la gestión cultural y el arte. Para ellos, si una intervención no entrega un mensaje contestatario es intrascendente en el tiempo e irrelevante para la sociedad.
Tengo amigos colegas que pertenecen a diferentes corrientes o ideologías políticas y los más cercanos saben que como persona tengo un punto de vista claro y definido sobre política.
Sin embargo, son esos mismos colegas, artistas, dirigentes o espectadores que conforman las redes culturales en las cuales me muevo, los que me estimulan a que todo proyecto de gestión cultural o de creación literaria que desee emprender sea por obligación denunciador de alguna problemática.
Existe una visión generalizada de que el arte y la cultura debe ser una herramienta para la difusión de una idea política y social, sobre todo en los movimientos de izquierda que suelen promover sus ideales por medio del arte. Bajo una perspectiva como esta, cualquier representación que no denuncie y que no se comprometa sería una representación pobre y una pérdida de tiempo.
Pero en la medida que reflexiono sobre este tema más convencido estoy que esos argumentos son basados en la subjetividad política de un sector, y que si todo el mundo pensara de la misma forma, el escenario artístico y cultural de nuestra sociedad sería de una gran pobreza.
Existe una infinidad de temáticas que pueden ser abordadas en el arte y la gestión cultural sin denunciar. Por ejemplo, se puede hablar del amor, el odio, el miedo, la amistad, la soledad, etc… sin tener la necesidad de tocar alguna contingencia política o social que afecte a la sociedad.
A modo de ejemplo quisiera compartir con ustedes la opinión sobre el tema del escritor colombiano Gabriel García Márquez en una entrevista realizada por Punio Mendoza y publicada en el libro “El olor de la guayaba” en la que dice:
“El deber de un escritor- su deber revolucionario, si él lo quiere- es escribir bien”, y que la idea de denunciar o desenmascarar algo en la literatura como obligación es una idea simplista y falsa.
De esta forma y para terminar, quisiera recalcar que como escritor no estoy dispuesto a abandonar mis ideas literarias y que como gestor cultural no abandonare la visión que tengo sobre el desarrollo cultural. Aunque algunos de esos proyectos, no apunten con el dedo las problemáticas sociales y no sean una piedra en el zapato del mundo político.
No hay comentarios:
Publicar un comentario