lunes, 15 de noviembre de 2010

miércoles, 27 de octubre de 2010

Asociatividad Cultural

La asociatividad cultural como concepto, “es un proceso sociocultural que estimula la participación organizada, en el cual, participa el estado central, los municipios, el sector privado, las organizaciones sin fines de lucro y la sociedad civil, con el fin de articular redes culturales solidarias y comunicativas dentro de un territorio determinado”.

Cuando se habla de asociatividad cultural, la mayoría de las veces se hace alusión a ella como si fuera una política país a seguir. Pero realmente no existen contenidos teóricos que hablen de cómo llevar a cabo una gestión hacia la asociatividad, ni que expliquen de forma detallada lo que quiere decir este concepto. Es más, regularmente después de reuniones de las autoridades locales sobre cultura, se habla de la asociatividad como la estrategia a seguir en el futuro, pero nunca se hace alusión a la manera de lograr un estado asociativo de acción y teoría.

Lo primero que debemos saber y tomar en consideración en la delimitación territorial sobre la cual se realizara el proyecto de asociatividad. Es importante definirlo claramente, para saber cuál va ser la unidad geográfica de análisis. Pueden ser barrios, comunas, provincias, las cuales, nos entregaran la delimitación espacial en donde se trabajara. Es importante que el territorio en donde se siga una estrategia asociativa tenga factores de identidad comunes, que exista un hilo conductor que construya la mística y diversidad del proyecto asociativo, por medio de un contenido sociocultural colectivamente aceptado.

Los proyectos de asociatividad, son un trabajo de largo plazo. En donde es necesario que exista confianza entre los agentes que participan, una confianza sin prejuicios políticos, ni de clases, ni económicos, ni religiosos, en otras palabras sin proselitismos. Además, es indispensable que el proyecto tenga un alto grado de credibilidad en la sociedad, que todos crean en el proceso que se está construyendo.

Fiel a lo anterior, el primer paso de un proyecto asociativo es la organización de los agentes, pero no con un objetivo de acción inmediata, sino con el fin de configurar la estrategia asociativa a seguir en la praxis. Es indispensable que esta estrategia sea creada, como una política de desarrollo comunal o provincial y que este inserta dentro de los Planes de Desarrollo Comunal en Cultura de los Municipios.

Los beneficios de la asociatividad son trascendentes para generar plataformas culturales con capacidad de autogestión. La asociativitad, lo que hace en simples palabras, es la construcción de redes culturales que solidaricen entre sí, ya sea con capital intelectual, financiamiento, patrimonio, mano de obra voluntaria, etc.

Existen cinco agentes culturales que deben participar en el proceso asociativo, si es que queremos que sea un proyecto exitoso. Estos agentes cumplen distintas funciones y participan de diferente forma. Es necesario que todos apunten su trabajo hacia una misma estrategia a seguir, y que los intereses creados por cada agente convivan con la estrategia de desarrollo previamente consensuada por todos los agentes.

El primero de ellos es el Estado Central, el cual es el encargado de elaborar políticas culturales que estimulen el desarrollo y la asociatividad. También, cumple funciones de elaborar proyectos de ley los cuales faciliten y regulen la industria cultural. Este agente, marca el camino a seguir para los demás agentes y su función es más facilitadora que realizadora. Es el encargado de destinar recursos económicos los cuales son administrados por el CNCA (en el caso de Chile).

El segundo de ellos es el municipio. Este es el organismo público encargado del desarrollo comunal, su función es de mucha importancia, ya que dependiendo de la relevancia que le dé al área de la cultura en su gestión, su presupuesto y su planificación, dependerá la calidad de desarrollo y asociatividad que logre la comunidad. Su estrategia de desarrollo debe ser concordante con la estrategia nacional que postule el estado central.

El tercer agente es el sector privado. Estos últimos, juegan un rol indirecto en el desarrollo cultural, generalmente no realizan actividades culturales, pero si las financian, tienen el beneficio de reducciones tributarias a cambio de las donaciones culturales, lo cual está estipulado en la ley Valdés. Potencialmente, son de mucha importancia, ya que en nuestra sociedad las expectativas de participación del sector privado a través de donaciones en el ámbito de la cultura, van en aumento.

El penúltimo agente son las organizaciones sin fines de lucro, como las corporaciones, las fundaciones, las organizaciones comunitarias, juntas de vecinos, etc. Estas son las interlocutoras más cercanas con la comunidad. Dependiendo de la figura jurídica con que la organización se geste, dependerá el modelo de gestión a seguir. Las fundaciones se diferencian con las corporaciones, por un modelo de gestión que apunta hacia la benevolencia, como la Fundación Teletón, mientras que las corporaciones cumplen un rol de desarrollo sociocultural. Por su parte, las organizaciones comunitarias y juntas de vecinos, tienen una cercanía más próxima y directa con la comunidad. Y son las encargadas de expresar a los demás agentes las inquietudes, problemáticas de la gente, y con el trabajo asociativo podrán ser también generadoras de soluciones.

El último agente es la sociedad civil, la cual participa de diferentes formas en el mundo de la cultura y las artes, ya sea como espectadores, creadores, difusores, voluntariado, gestores, animadores, dirigentes y una gran cantidad de otras profesiones y oficios que participan directa e indirectamente en este ciclo continuo llamado cultura.

La creación de redes que permitan un dialogo fluido entre estos agentes es de vital importancia. Se deben crear instancias de dialogo de tu a tu entre los representantes de estos sectores, también la elaboración de plataformas de comunicación a través de herramientas como el Internet son ayudas significativas para el desarrollo de una política asociativa. Esta política debe ser visionaria, enfocada en un largo plazo y a la vez tiene que apuntar hacia la exaltación de la diversidad del territorio. Ya sea a través del patrimonio material, inmaterial o natural.

En materia de esfuerzos, los principales responsables de la construcción de un estado asociativo elevado en una comuna son los municipios, son ellos los que cumplen el rol organizador, son los maestros de ceremonia que deben invitar e incentivar a los agentes locales a participar en el proyecto asociativo que se querrá realizar. Son los encargados de realizar PLADECOS en el área de la cultura, los cuales definirán el futuro cultural.

Una vez reunidos todos, fijadas las estrategias, firmados los acuerdos de cooperación, el trabajo de praxis debe apuntar a la solidificación de los espacios y las plataformas, a que se transforme en un hábito comunal. Siempre con la visión de la pertenencia territorial detrás, ya que es la única forma de consolidar la diversidad cultural, que a la vez, genera clúster económicos culturales con identidad propia, los cuales benefician a la comunidad.

La idea es generar una maquinaria de desarrollo cultural en donde la solidaridad y la participación sean valores colectivos, con un fuerte trabajo voluntario y grandes inyecciones de recursos del sector público y privado. Pero lo más importante es la capacidad de autogestión que logre tener la sociedad civil y las organizaciones sin fines de lucro en este proceso evolutivo.

Como lo explica la idea anterior, la autogestión es una necesidad en las nuevas configuraciones sociales, es un principio y valor a incentivar. Son muchas las razones que hacen que un proyecto asociativo, al largo plazo, sea un proyecto de autogestión comunitaria. La principal es que la asociatividad invita a la participación, pero una participación activa, o sea como protagonistas y no como simples receptores. Este protagonismo se traduce en el tiempo en la autosuficiencia de las organizaciones comunitarias y de sus dirigentes, como también la capacidad de tomar sus propias decisiones para resolver sus problemas. En el largo plazo la comunidad sabrá lo que quiere como proyecto de desarrollo, tendrá claro como elaborar esos proyectos y también donde buscar sus recursos, y su aporte será mucho más cualitativo.




jueves, 14 de octubre de 2010

Sobre la gestión cultural y su compromiso social y político.

  • ¿La gestión cultural debe necesariamente denunciar y ser comprometida con la contingencia política?

  • ¿Es posible separar la política del arte y la gestión cultural?

En mi trayectoria como gestor cultural, me he encontrado con distintos puntos de vista de colegas que argumentan una supuesta indiferencia social y política en mi forma de ver, de hacer y apreciar la gestión cultural y el arte. Para ellos, si una intervención no entrega un mensaje contestatario es intrascendente en el tiempo e irrelevante para la sociedad.

Tengo amigos colegas que pertenecen a diferentes corrientes o ideologías políticas y los más cercanos saben que como persona tengo un punto de vista claro y definido sobre política.

Sin embargo, son esos mismos colegas, artistas, dirigentes o espectadores que conforman las redes culturales en las cuales me muevo, los que me estimulan a que todo proyecto de gestión cultural o de creación literaria que desee emprender sea por obligación denunciador de alguna problemática.

Existe una visión generalizada de que el arte y la cultura debe ser una herramienta para la difusión de una idea política y social, sobre todo en los movimientos de izquierda que suelen promover sus ideales por medio del arte. Bajo una perspectiva como esta, cualquier representación que no denuncie y que no se comprometa sería una representación pobre y una pérdida de tiempo.

Pero en la medida que reflexiono sobre este tema más convencido estoy que esos argumentos son basados en la subjetividad política de un sector, y que si todo el mundo pensara de la misma forma, el escenario artístico y cultural de nuestra sociedad sería de una gran pobreza.

Existe una infinidad de temáticas que pueden ser abordadas en el arte y la gestión cultural sin denunciar. Por ejemplo, se puede hablar del amor, el odio, el miedo, la amistad, la soledad, etc… sin tener la necesidad de tocar alguna contingencia política o social que afecte a la sociedad.

A modo de ejemplo quisiera compartir con ustedes la opinión sobre el tema del escritor colombiano Gabriel García Márquez en una entrevista realizada por Punio Mendoza y publicada en el libro “El olor de la guayaba” en la que dice:

El deber de un escritor- su deber revolucionario, si él lo quiere- es escribir bien”, y que la idea de denunciar o desenmascarar algo en la literatura como obligación es una idea simplista y falsa.

De esta forma y para terminar, quisiera recalcar que como escritor no estoy dispuesto a abandonar mis ideas literarias y que como gestor cultural no abandonare la visión que tengo sobre el desarrollo cultural. Aunque algunos de esos proyectos, no apunten con el dedo las problemáticas sociales y no sean una piedra en el zapato del mundo político.

martes, 14 de septiembre de 2010

Sobre el rol del gestor cultural comunitario.

Anteriormente, vimos las tres vertientes que podemos encontrar del concepto de cultura a nivel del trabajo en gestión cultural: la cultura popular, de elites y de masas (ver publicaciones de octubre y noviembre 2009).

El trabajo cultural comunitario, necesariamente debe ser tratado y abordado desde la concepción de cultura popular. Es necesario, que los trabajos sean propios, y que fomenten la identidad y la asociatividad de la comuna. La cultura elitista y de masas, generara reproducciones anacrónicas a las reales dinámicas y demandas de una comunidad, impiden el desarrollo de la identidad y pertenencia de una comunidad producto de sus iniciativas, y además, no hacen más que fomentar la inequidad que hoy existe en el consumo y producción cultural entre los diferentes sectores socioeconómicos. Por la tanto, la cultura popular es la que mejor se adapta en el trabajo comunitario ya que estimula el trabajo de bases.


El gestor cultural cuando interviene espacios comunitarios, tiene que tomar en cuenta que esta trabajando con organizaciones que son la base de la estructura cultural de un país. Estas organizaciones tienen un contacto directo con la comunidad, son las mas cercanas a la gente. Se contextualizan en barrios y lo intervienen. El valor principal de esta gestión es la participación comunitaria, siendo la profesión de Animador Cultural el nombre lógico que tiene la persona que cumplen este rol en la sociedad, ya que el animador cultural es una derivación comunitaria de la profesión de gestor cultural.


A nivel artístico, en la gestión cultural comunitaria, se tienen que crear plataformas de creación y difusión para los artistas emergentes. En este campo, lo importante es capacitar e incentivar a nuevos artistas, darles escenario y facilidades técnicas. Crear talleres con continuidad en el tiempo y crear escuelas artísticas. Un centro cultural comunitario, tiene que considerar la educación no formal como una línea de trabajo muy importante en su planificación.

Un ejemplo:

Cuando un municipio gasta una millonaria suma para invitar a grandes artistas, que son el furor del momento en ventas, para venir a tocar en un espectáculo con entrada gratuita para el publico, es necesario preocuparse. Ya que es la señal mas evidente que la comuna no ha hecho política de desarrollo cultural el incentivo del artista local, como prioridad. Son en esos escenarios, que se ven una vez al año en una comuna, para una actividad muy importante, en donde los artistas locales tienen que tener prioridad, ya que son importantes plataformas de representación artística.

lunes, 12 de abril de 2010

El rol del usuario.

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Hacia la autogestión del servicio comunitario.
En Chile, en determinados sectores sociales, existe una elevada dependencia al Estado en lo que concierne la responsabilidad de satisfacer necesidades secundarias, que nos divierten y mejoran nuestra calidad de vida, como las practicas artísticas y deportivas en una pequeña comunidad. Se cree que es la autoridad, ya sea el municipio, o el gobierno e inclusive el club deportivo o el centro cultural, los que tienen el deber de entregar un servicio de calidad y gratuito a la sociedad civil, y que por consecuencia es la sociedad civil quien tiene el derecho de disfrutar de estas actividades gratuitas.
Pero en un país, en donde las necesidades básicas no son bien satisfasidas ¿qué se puede esperar para con las necesidades secundarias?, en un país en donde la salud, la vivienda y educación son la prioridad, ¿qué se puede esperar para la cultura y el deporte?
La verdad es que las políticas de desarrollo en cuanto a cultura y deportes de parte del sector público jamas serán suficientes si es que los usuarios no dejan el paternalismo de lado y adoptan una posición autogestionadora del servicio. La gente esta acostumbrada a jugar un partido de fútbol en su club amateur y quejarse de la mala calidad de la cancha y de la indumentaria, a realizar un taller de teatro y no poder costearse indumentaria y escenografía y a asistir solamente a las actividades gratuitas.
Pero para una organizacion comunitaria como un club deportivo o un centro cultural los recursos siempre son escasos para entregar un servicio de real calidad. Los fondos son pocos y los gastos son muchos, y las pequeñas actividades para recolectar fondos nunca son suficientes.
Pero que pasaría si toda esta gente, para participar en estas actividades tuvieran que pagar por el servicio, llámenlo como quieran: matricula, cuota anual o un derecho. Las cosas evidentemente que cambiarían pues los recursos serian más. Y por más que parezca una solución de libre mercado, no hay que olvidar que son organizaciones sin fines de lucro las que administrarían ese dinero.
Con este dinero se podría habilitar espacios en los centros culturales o mejorar las canchas de tu barrio, en fin, tener un servicio decente y autogestionado por la comunidad. Bajo esta lógica, la comunidad se hace responsable de mejorar su calidad de vida, se dignifica y le tomaría mayor valor al servicio. Obligaría a los prestadores a entregar algo de calidad, lo que los obligaría a ellos a querer superarse cada vez más.

viernes, 15 de enero de 2010

El modelo cultural de Francia.

Francia financia la cultura a través de un ministerio, http://www.culture.gouv.fr/ , siendo los mismos burócratas quienes deciden sobre los aportes públicos en cultura y a quienes irán dirigidos. El estado tiende a apoyar las artes como parte de objetivos generales de bienestar social y su objetivo es financiar la cultura que se encuentra establecida, más que los estándares profesionales de excelencia.

La fortaleza de este rol radica en el hecho de que los artistas y organizaciones artísticas están liberados del hecho de depender de la taquilla o las recaudaciones en boletería, además el artista es reconocido por el Estado a través de un estatus específico y una estabilidad económica. Su mayor debilidad surge al momento de asegurar el financiamiento a largo plazo se puede llegar a un estancamiento creativo por parte de los beneficiarios.

En Francia el Estado se hace cargo del financiamiento de la cultura a través de aportes directos y concursos públicos (estos no son tan desarrollados como en Chile), sin embargo el sector privado no influencia en el desarrollo cultural y no financian proyectos ni museos como lo hacen en países como Estados Unidos.

martes, 12 de enero de 2010

Buenas prácticas de gestión cultural comunitaria en la Región de Alsacia, Francia


A través de la beca de Asistentes de Español en Francia, patrocinada por la Embajada Francesa y el Consejo de la Cultura y las Artes de Chile, tengo la oportunidad de realizar una investigación sobre las “Buenas prácticas de gestión cultural comunitaria en la Región de Alsacia, Francia”.

Esta investigación tiene como objetivo estudiar a las asociaciones socioculturales de la región de Alsacia, sumergiéndome en el hacer cotidiano de estas. Tratando de entender como han llegado a su estado de desarrollo actual[1], por medio de la participación activa en su vida diaria como organización comunitaria.

Los aspectos a investigar son diversos, por un lado, veremos la forma en que estas organizaciones financian sus actividades, si es que reciben aportes de alguna institución gubernamental, o aportes del sector privado, o si autogestionan su financiamiento por medio del cobro por sus actividades o cuotas mensuales.

También se pondrá atención en el rol que tiene el voluntariado en la cotidianidad de estas organizaciones, a la concientización de la comunidad en involucrarse en estos procesos culturales. A el publico objetivo, al cual, estas actividades van dirigidas y también los canales de difusión de las mismas. Las jerarquías organizacionales internas.

En síntesis, se busca comprender el trabajo cultural comunitario de esta región francesa.

Con el correr de los meses se darán a conocer los avances de esta investigación a través de este blog.

Hasta pronto.


[1] En Alsacia, Francia, la actividad cultural a nivel comunitario está muy avanzada en comparación a la realidad chilena y también a la del resto de Francia, es por esto, que el ejemplo de esta region nos permite aprender y reciclar buenas experiencias y prácticas para nuestro proceso de desarrollo cultural propio.