La
Animación Sociocultural es un conjunto de acciones realizadas por individuos,
grupos o instituciones sobre una comunidad y en el marco de un territorio
concreto, con el propósito principal de promover en sus miembros una actitud de
participación activa en el proceso de su propio desarrollo, tanto social como
cultural.
La
cultura, enfocada desde un nivel local, tiene en potencial de revitalizar y
articular el ámbito de convivencia comunitaria, es decir, contribuye a un
objetivo de integración social, resaltando la identidad local y la puesta en
valor de la diversidad. Asimismo, crea vínculos entre las organizaciones
comunitarias culturales, y es vital para velar por la autonomía de la
cultura frente al poder político coyuntural vigente.
La
animación cultural, destina parte de sus esfuerzos a la creación de audiencias
artísticas, por medio de la participación, lo cual, permite que se desarrolle la
industria de la cultura. Enfatiza sus esfuerzos en aquellos lugares donde el
consumo cultural sea muy bajo, y desarrolla programas de participación
comunitaria, elaborando un tejido sociocultural entre vecinos. Sus aliados son
todas las organizaciones comunitarias, de base, las juntas de vecinos, los
artistas locales, las asociaciones deportivas, las radios, los grupos
religiosos, los colegios, los skauts, los espacios de representación artística
existentes y potenciales, cualquier sociedad civil que se gesté de forma
espontánea, colectivos culturales y cualquier persona natural de un territorio.
La
asociatividad cultural y la creación de redes culturales comunitarias, son
factores primordiales para el desarrollo cultural local y la democracia de la
cultura. Resulta indispensable entonces insistir en la participación ciudadana,
pero no como receptores, sino como interlocutores y animadores de la cultura.
Estas
redes locales se conforman articulando 5 agentes, que son:
- Los
municipios
- El
Estado central
- La sociedad
civil
- Las
organizaciones sin fines de lucro
- El
sector privado
Se
establecen alianzas estratégicas basadas en la animación sociocultural.
En
la medida que estos 5 agentes logren la participación de sus miembros en los
proyectos de transformación y consolidación elaborados en su comunidad, la
noción de "cultura" cobrara cada vez más un sentido de vivencia y de
pertenencia en la población y se convierte en un proceso creador de nuevos
valores y sentidos que son compartidos en la cotidianeidad.
A
la hora de intervenir activamente en una comuna, es necesario tener en cuenta
una serie de limitantes que obstaculizan la acción de las pocas organizaciones
que trabajan en el tema, los problemas socioeconómicos que se generan por la
pobreza, convierten a las actividades y a las organizaciones culturales que
surgen espontáneamente de las relaciones comunales, en necesidades secundarias
de la población. En este contexto, resulta difícil motivar a la población en
riesgo social, a que participen en actividades artísticas como el teatro y la
danza, ya que sus objetivos concretos, son suplir aquellas necesidades básicas
o primarias, tales como el trabajo y los gastos del hogar. Pero la pobreza no
es el único responsable de vivir en una sociedad en donde cada día resulta más
difícil que la gente se motive en participar en talleres colectivos.
Existen
principalmente dos motivos que pueden explicar esta realidad, el primero se
debe a la represión que sufrió la industria artística y las organizaciones de
base, raíz del golpe militar de 1973. Después de ese día una organización
vecinal en Chile nunca fue mirada de la misma forma, las generaciones que
vivieron el golpe military sus toques de queda de forma racional, crecieron con
el eterno fantasma de un estado absoluto, que reprimió y miro con recelo a las
actividades artísticas y a los colectivos culturales. En segundo lugar el
explosivo desarrollo de la industria de las comunicaciones ha remplazado el
teatro por la televisión, el cine por el DVD, la música en vivo por el CD, la
biblioteca por el Internet y la vida relacional de la cultura por el consumo
desde el hogar. Como podemos ver, por un lado el golpe militar encerró a
la población en sus hogares y por otro los medios de
comunicación entretuvieron a la gente dentro de sus hogares, fue una
mezcla tenebrosamente perfecta capaz de producir lo que hoy se llama
atomización del consumo cultural[1], la que se realiza
principalmente en la intimidad del hogar a través de los medios de
comunicación.
Bajo
este contexto, resulta indispensable reformular en todas las generaciones
valores solidarios y participativos, que involucren a los habitantes de una
comuna a hacerse cargo de las transformaciones y desafíos que se plantean en su
entorno. Es necesario que la comunidad se entusiasme a ser protagonista y
no espectadora de sus transformaciones, y que tenga la capacidad de
responsabilizarse como organización autogestionada de sus propios
proyectos. De este modo el concepto de participación civil en cultura, no
debe ser mirado como una utopía, sino que como una necesidad insustituible
para el desarrollo local, tanto cultural, como comunitario.
El
voluntariado se presenta en este contexto, como una figura transcendente dentro
de los agentes culturales.Su función es de suma importancia, ya que surge de la
convicción de la necesidad de suplir determinado rol solidario dentro de la
sociedad. Es una actividad que permite sociabilizar, en vez de
individualizarse más, donde se pueden autogestionar diferentes aspectos de la
vida social cotidiana. La persona que voluntariamente se anima a ser dirigente
vecinal, gestor cultural, animador sociocultural, dirigente deportivo, artista,
entrenador amateur, okupas y un sin números de otros cargos en donde el común
denominador es la gratuidad y filantropía de sus funciones, es una
persona líder en la comuna y responsable socialmente, capaz de
asumir el rol de ciudadano dentro de una sociedad desarrollada. Esta mayor
capacidad de comunicación, que permite participar en la resolución de la
satisfacción de las necesidades por parte de los propios interesados, se puede
entender como capital social cuando adquiere la capacidad de sostener la
gestión de recursos propios en una dinámica que se complementa y que se
enriquece con las acciones institucionales.
[1] Chile
quiere mas Cultura, Definición de políticas culturales 2005-2010, 2005,
Pág. 10,documento disponible en www.consejodelacultura.cl
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