Hacia la autogestión del servicio comunitario.
En Chile, en determinados sectores sociales, existe una elevada dependencia al Estado en lo que concierne la responsabilidad de satisfacer necesidades secundarias, que nos divierten y mejoran nuestra calidad de vida, como las practicas artísticas y deportivas en una pequeña comunidad. Se cree que es la autoridad, ya sea el municipio, o el gobierno e inclusive el club deportivo o el centro cultural, los que tienen el deber de entregar un servicio de calidad y gratuito a la sociedad civil, y que por consecuencia es la sociedad civil quien tiene el derecho de disfrutar de estas actividades gratuitas.
Pero en un país, en donde las necesidades básicas no son bien satisfasidas ¿qué se puede esperar para con las necesidades secundarias?, en un país en donde la salud, la vivienda y educación son la prioridad, ¿qué se puede esperar para la cultura y el deporte?
La verdad es que las políticas de desarrollo en cuanto a cultura y deportes de parte del sector público jamas serán suficientes si es que los usuarios no dejan el paternalismo de lado y adoptan una posición autogestionadora del servicio. La gente esta acostumbrada a jugar un partido de fútbol en su club amateur y quejarse de la mala calidad de la cancha y de la indumentaria, a realizar un taller de teatro y no poder costearse indumentaria y escenografía y a asistir solamente a las actividades gratuitas.
Pero para una organizacion comunitaria como un club deportivo o un centro cultural los recursos siempre son escasos para entregar un servicio de real calidad. Los fondos son pocos y los gastos son muchos, y las pequeñas actividades para recolectar fondos nunca son suficientes.
Pero que pasaría si toda esta gente, para participar en estas actividades tuvieran que pagar por el servicio, llámenlo como quieran: matricula, cuota anual o un derecho. Las cosas evidentemente que cambiarían pues los recursos serian más. Y por más que parezca una solución de libre mercado, no hay que olvidar que son organizaciones sin fines de lucro las que administrarían ese dinero.
Con este dinero se podría habilitar espacios en los centros culturales o mejorar las canchas de tu barrio, en fin, tener un servicio decente y autogestionado por la comunidad. Bajo esta lógica, la comunidad se hace responsable de mejorar su calidad de vida, se dignifica y le tomaría mayor valor al servicio. Obligaría a los prestadores a entregar algo de calidad, lo que los obligaría a ellos a querer superarse cada vez más.